viernes, 14 de marzo de 2014

Incomoda

Día por medio te pienso, si estoy feliz tal vez pasen tres días. Pero una vez a la semana te recuerdo. Extraño tu razonar, y tu forma de encarar los problemas. Extraño las charlas, jamas los silencios. No me acostumbro a los silencios, a pesar de que este tiempo silencioso es mas largo que el tiempo en que nos comunicamos. De seguir en contacto hoy te hubiera detallado la forma en que caían las gotas, en qué ocupe la espera, la estructura de mi escrito, las ideas que me atormentan. Pero vos allá y yo acá, y esta distancia en el medio, que sabes.. nunca fue el problema. Y vos desaparecido y yo que no sirvo para buscar cosas que se perdieron por deseo propio... algo estaba escrito, de algún modo sabíamos que iba a ser así, que no había otro final posible, que vos allá y yo acá y se puede ser feliz. Y soy feliz, pero es una felicidad consciente de que también se podría estar de otra forma, pero se está de ésta.
Extraño nuestras charlas, y también desvarios. Es que aunque vos fueras la voz de la razón, para estar conmigo (en aquella época) había que estar un poco loco, y ahora, a distancia, creo que buscabas un poco de locura, para romper el molde tan perfecto de tu vida, pulcra aunque la pintaras de disoluta.
No hay semana que no te piense.
No sé que tantas cosas no hicimos, en verdad no recuerdo si deseábamos hacer algo, y no lo hicimos. Todo quedo en la nada, con demasiada rapidez, como el volantazo antes del choque, y nunca he chocado. Pero fue bueno que sucediera así: el olvido de imprevisto, sin meditarlo, sin llegar a sentir el hastío.
Hay tantos días que soy feliz, y hay tantos días calmos, y tanto olvido de cámara, y de letras y de angustias... aun así no te olvido, es que en el inconcluso hay algo incomodo.
Y me incomodas, como quien no quiere la cosa.