jueves, 24 de enero de 2013

100% sincero pars sentirte incomodo.

Yo sé que venis, tal vez más veces de las que quisieras reconocer. Y ya que estas (viniendo) sentate, hablemos.
Tu ultima sonrisa de hoy ¿fue sincera?
Tu vida de grandes cosas... ¿realmente grandes?  vos, vos ahi, ahora, frente a la pantalla, sos tan igual, en el fondo (y para tu decepcion): mas de lo mismo. Lo que distingue a las personas son las acciones desiguales, cuando todos esperan lo previsible, cortan la tangente en el lugar indebido. Y vos, queriendo ser tan distinto (obviamente escalon arriba) terminaste igualandote en la mediocridad de la cobardia. Perdon.
No es lo que esperabas leer, no hoy, no esta noche oscura o esta mañana de sol indeciso. Querias leer algo irrelevante, que no te consumiera tres minutos, que pudieras olvidar sesenta segundos despues. Querias leer solo para decir(te) que seguias viniendo y para decir que seguis leyendo. Perdon, en primera instancia y tambien en ultima, sos uno del monton, igual, estandar, normalito, un numero que se recuerda. Y es bueno, te mantiene dentro de lo previsible. Como lo numeros.
Responde(me) ahora, tu ultima sonrisa ¿fue sincera?
¿deseaste el beso que te dieron en el día? ¿diste con gusto ese buen deseo? ¿a que hora te sentiste incompleto? ¿a que lugar quisiste escapar cuando escuchaste aquel comentario mediocre que no te animaste a desestimar?
Perdón, los causticos estamos para incomodar a los comodos de vidas apacibles (y mentirosas), los causticos nos desahogamos en tres minutos el pensamiento que nos consumio 17 horas del dia, un dia normalito, un dia mas para nosotros: tambien de la serie de los pesimistas realistas, con contadas sonrisas e impares compañias. Vos, vos que hoy venis, sentate, embroncate tranquilo. Se cien por ciento sincero, ¿que tan bueno fuiste hoy? ¿que tan malo sos ahora por querer fingir una felicidad que hace rato se te escapo?
Perdón, no tengo derecho, ni al vaiven de los acentos, ni a increparte en tu cobardia, ni a querer tambalear tu castillo de naipes. Pero la maldad se pega facil, y de pequeña nada me hacia mas feliz que tirar los naipes de mi hermana cuando estaba a punto de terminar su obra.
El cemento no siempre acepta de pegamento la falsa felicidad, pero si la constancia en el buen sentir.
Y esos, los luchadores constantes, los leales que se aferran al amor cuando todos se han ido, esos, los sinceros en los dolores, son los distintos, los pocos en un mundo lleno de igualitos normalitos como vos.
Perdon, ¿que tan feliz sos?