viernes, 6 de septiembre de 2013

De pajaritos y piedras.


Y le dije mentiritas, como los niños cuando tiran piedras a los pájaros, probando la línea del bien y el mal, probando la fuerza propia, el alcance, probando... hasta que el pájaro muere sin aviso y se confirma la sospecha que nada bueno hay en los golpes secos...
Le dije mentiritas para darle orgullo a mi orgullo sin olvido, para hacer que mi rencor se apaciguara, para que mi desconfianza se tomara venganza por la muerte de la confianza. Le dije mentiritas, como quien no quiere la cosa. Piedritas chiquititas que ruedan calle abajo, piedritas que hacen círculos en charcos sin profundidad, piedritas que golpean techos de chapa, piedritas que rompen vidrios limpios hasta que llego la piedrita que mato pajarito, marcando el final de la línea del bien, entrando en tierras impías... entonces supe que el pecado también tenia rico sabor, seductor perfume, supe que el pecado que duraba la nada misma en un día largo, era droga de treinta minutos, en labios rojos y carnosos, supe que el pecado tenia la consistencia de la nube baja que el viento mueve rápido, supe que el pecado tenia ojos que no vería a diario, supe que el pecado era una roca, que rompía un cristal a veces sucio, pero que si se limpiaba me mostraba mucho, todo... roto el cristal la vida misma, la realidad certera, ahí, afuera.
Y el pecado a cuestas, y la mentirita que como piedrita rompió algo, dejo un hueco. Cayo la piedra, los pedazos rotos. Callo el pájaro y el trino. Y me quede yo, con pecado pasado y consumado, con un recuerdo de labios con consistencia de nube. Me quede sin mentirita porque se volvió verdad al ser descubierta. y así... así... me quede yo, con miles de piedritas, sin mas pájaros, sin mas cristales, sin nada mas que romper. Excepto yo. Romperme (yo), romperme (a mi), mi piedra en mi... golpe seco... Golpe. Seco. En mi.

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