sábado, 4 de mayo de 2013

Zancadas torpes.


El miedo se acerca sigiloso, tiene zancadas estruendosas y una total falta de delicadeza.
Es sigiloso y sin tacto. No es que llegó poniéndome la mano en el hombro, no es que dio aviso de su presencia carraspeando, no es que me saludo desde lejos antes de acercarse. El tipejo (el miedo) cayo desde el lado izquierdo, cachetada en lunes a las nueve de la mañana (el sol no amortiguo). Así llego el tipejo, el miedo, (por que de él estamos hablando). (De él) el miedo vestido de negro, con el característico olor a nauseas. Inmundo.
Rápida corrí al placar, busque cuanto abrazos y auto-abrazos encontré para cubrirme del frio. Presentí que era un animal de sangre fría, pero decía que me vestí y fue un calor efímero, al ratito ya estaba helada, vomitando temores, viendo todo negro.
El miedo se reproduce así, en la oscuridad, en los ratos en que el temor va pariendo mas temor, para hacer una cadena de temores, nacidos de un solo problema. Mirá vos, qué fácil se explica lo que rara vez se puede remediar. Es que las contundencias no entrañan complejidades al exponerlas, son así y asá y acabado el lio de analizarlas. Pero revertirlas... si vieras vos que difícil es dar vuelta un miedo. No es un tema que se da vuelta como la tortilla, hay que trabajar duro, es como si fuera una planchuela de mas pulgadas de las ya conocidas por  los centímetros (y también balanzas).
Quién diría, que el miedo daba para tanto tema! para semejante encadenamiento de letras. Tan malo el miedo sigiloso y sin tacto y aun así tan nombrado... debe pensar que lo estoy amando, no le dije que descubrí que muchos abrazos hacen una tela térmica que repele el frio del temor a la perdida irremediable. Tampoco sabe que mi estrategia cambió, que no intento negarle mi presencia, que le voy a convidar café y algún que otro sorbo de vino, que le dejare masticar de mi tostada con mayonesa y comer de mi ensalada, que le daré el mejor almohadón cuando lea en la cama y le dirigiré miradas amorosas cuando me ponga amorosa con otras personas, lo aceptare para minimizarlo, para saber que esta y lo tengo y me tiene, pero soy responsable de la medida que quiera poseer, porque debe ocupar poco espacio cuando deba actuar (yo), y voy a actuar tan seguido para que cada vez coma y beba menos a mi lado, y mis lecturas le parezcan demasiado alegres, y sienta que no me puede tocar con tanta ropa de abrazos y así, un día, tal vez un lunes de mañana, se vaya, renegando, con sigilo, puteando sin tacto, porque ya no le presto tanta atención, porque no me tiene como antes, porque deje de darle largas miradas.
Deje.

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