lunes, 6 de mayo de 2013

Curro ruco


Viene un tren de carga: es su ansiedad. Y yo en bicicleta de letargo: me va a chocar.
Viene como el rio que va hacia el mar: inalterable. Implacable: como la búsqueda del abejorro destinado a morir.
Viene él, su historia, sus miedos y certezas, sus lagrimas escondidas en bolsillos con forma de tristeza, sus risas en cucharadas de chistes bobos que no me hacen gracia. Pero viene, como el tren, estrepitoso, robusto, un poco obsoleto y para nada desapercibido. Viene el día de sol y rara vez el nublado, nunca tarde de lluvia menos noche con relámpagos, suele venir con ojos tristes y con comisuras barbudas que insisten en ceder ante la gravedad, si, si, vienen caras tristes y algunos mohines eufóricos. Y te prefiero triste, porque la droga que te droga la risa y sonrisa me enerva porque no te dopo yo, ni te cosquilleo yo. Yo, mua, io, te aplaco con manos flacas que recorren tu frente arrugada. Yo (des)dicha y dicho(sa) me escondo en los almohadones que finjo tenes entre tu cuello y hombro, y dejo que corran las horas, y dejo que corran mas que las horas, no se que es (lo que corre) y desmorona, pero es algo invisible, como un fantasma de mentiritas. Venís vos, con tu ansiedad, de carga y que cargas, y yo, levemente contagiada me como la piel de las manos, las oreos falladas, la pizza fría a las dos de la tarde, la tostada con mayonesa después de la cena, las pesadillas con el café de la mañana siguiente a que vos, tren de carga, pases por encima mío, bicicleta de papel.
Por pedalear tranquilidad, por consumir mis músculos de nervios, por volar con alas hechas de letras, por beber dolores y vomitar algunas risas, por venir de mi pasado, esquivando piedras en el presente para ser parte de algún futuro, yo, le hago pecho (llano) a tu estampida sin tacto, y como la torta dulce que le pone un toque distinto al vino tinto, te aplaco, te espero, te sentencio a bajar quinientos cambios, te miro, te sonrió, me acucurro a tu lado y espero: a que mi tranquilidad de papel te envuelva, te asfixie el mal día que se te pego en los hombros y las neuronas, y como un cielo azul dejo pasar nubes, total, soy (azul siempre) molestada de a ratos por tus humores (nubes) grises.
Me acucurro para inventarte mas palabras, para que me cuentes mas preocupaciones, para que... que me pidas que te adore.
Me acucurro sin hacerte (del todo) caso, pero cierto es que me acurruco a tu lado.

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