martes, 28 de mayo de 2013

Chinelas de pluma


Cuando nos metíamos debajo de aquella sombra y fingimos que era techo, cuando me convenciste que a tu lado podía leer, a pleno sol y lo intentamos dos veces y no funciono, cuando aquella tarde te robe siesta y te regale lluvia y un café y una mirada tan triste, cuando caminamos metros con el tamaño de centímetros y construimos casas recicladas con dos mentes creativas y cuatro bolsillos vacíos, cuando te quise en el minuto uno y te odie en el minuto tres sin saber qué escalón me saltee en el dos para caer tan rápido del amor y reconocer en mi el odio tan propio de mi... cuando pasamos cada una de esas estaciones con sombras, soles, centímetros, odios-amores, tristezas y cafés, sentía que eran etapas que había que vivir para construir algo a futuro que no sabia qué era pero que debía tener cierto aspecto, un determinado sentimiento, un camino hacia atrás, un coctel de certezas e incertidumbres hacia adelante... no sé, sentía que íbamos por la ruta que había que transitar, juntos o separados, menos abrazados o mas pegoteados, pero había que avanzar y hoy, en este día de cielo con goteras, en este gris que huele a torta, en esta boca con mate, en estos dedos de uñas cortas, en este todo de un día que aun no se completo, siento que aun falta en la misma medida que la completitud se me instala. Son esos días sin ton ni son, ni fu ni fa, fuchi, ni, taranescos, que vos no comprendes, no intentas o no podes, ponerte en mis chinelas cursis, caminar mis pasos, ocupar el lugar exacto de la cama donde me hago bollo, ahuecar de mi modo el almohadón de jirafa sin el cual no me duermo, no podes nada de eso y sin embargo tus pies vienen calentando mis piernas desnudas a las cuatro veinte de la mañana donde me despierto para comprobar que sigo viva, que hay silencio en la casa, que de momento todo esta controlado, que vos respiras, que nadie se queja, que yo sigo acostada, en diagonal, robándote cama y frazadas, antes de pegarme a tu espalda, donde beso el bufón diabólico para ver si logro que me quiera. Vos no entendes estos días y debieras, porque construimos castillos en el aire, derrotaste mis lecturas soleadas, caminaste a mi lado con el labio hinchado, bebiste de mi copa y me dejaste terminar la tuya, me esperaste y echaste y volviste cuando yo ya había fijado rumbo de tristeza, pero con orgullo para buscarte. Debieras entender y usar mis chinelas, solo para que sepas que se hunden mucho aunque yo peso poco, y eso significa que mis pensamientos tienen toneladas o que mi carne no alcanza para hacerle frente a esta vida. De uno y otro modo deberías.

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