domingo, 24 de marzo de 2013

Perlas encadenadas.

Las mañanas se han convertido en un collar de horas tristes, la mente no da tregua, el alma no conoce paz.
El gato gris hace su recorrido, visita todas las ventanas, su maullido desplega todas sus cuerdas. El sol sigue andando por ahi, temprano en la cocina, a la tarde se desplaza a la habitacion, y despues sabes, se va de a poco, cada dia un rato antes. Y yo me quedo. Tejiendo nuevos collares.
La extraño así, con todos los olores de la comida, con el perfume de la ropa, con el bostezo de la siesta, con el ruido de suecos en el pasillo, con el saludo nocturno, con esas promesas incumplidas, esas lagrimas compartidas, esas sonrisas que no nos llegaban al corazon, que no nos entibiaban el futuro. Pero te extraño así. En el rincon donde nos refugiabamos del viento, donde de pie te esquivaba la mirada, todos los chales que te teji andan huerfanos de tu espalda, el rubí que te pendia de la oreja ya no brilla en la lectura del diario, la roseta que te acompañaba la mano derecha, archivado, no causa envidia. Y tu voz que no se donde se metio, y me da miedo el olvido. Y yo que no quiero dejarte ahí.
Y yo aprendo a extrañarte.
Esta vez, mi tristeza no tiene color.

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