sábado, 9 de febrero de 2013

No alcamza.

Hay cierto parecido con el momento de la ida de Piro: el saber vivir perdidas (y cosas perdidas que nunca fueron mías). El día quebrado. Finales de mes amargo. Comienzo de próximo incierto. Hay un leve parecido igualado y potenciado por lo irremediable, lo que no se puede deshacer, lo roto que no se puede remendar.
Hay un leve parecido, más parecido por los roles representados. Aunque ahora todo quedo más vacío. Raro todo, el silencio o el permiso para el ruido, sin embargo, algunas veces nos descubrimos hablando bajito.
Es como andar vestida de hojas secas, o llevar por zapatos escarpines de tela de araña, o abrigarse con tul o enfriarse con calefacción. Es lo irreal hecho realidad en un día que pintaba como uno más.
Lo cotidiano roto. Lo rutinario borrado. La educación diaria de vivir distinto sin manual de aprendizaje ni curitas para ojos sangrantes.
Es como andar sabiendo que se esta haciendo jornadas nunca antes vividas, el esperar sabiendo que nunca más nadie va a llegar.
No se puede encontrar lo que hace tiempo se dejo de buscar.
No se puede encontrar roca lo suficientemente grande para beber bajo ella una copa de vino, meter una amohada, agujerear para mirar tres estrellas (las tres marias), beber sin esperar resaca, esperar sin miedo al mañana.
No se puede encontrar roca suficientemente grande para estar protegida, bajo peso, para estar escondida de destino y azares, de Dios y conciencia, de todo lo que bulle por al lado del cuerpo, inmajeble y ajeno pero con poder de lastimar la humanidad propia.
No se puede, pero quisiera, encontrar piedra donde hacer pozo de agua, donde dejar las hojas, romper los escarpines, colgar el tul y apagar la calefacción.
Y es ese miedo de no creer en la felicidad constante con tendencia a ser constantemente infeliz.
-Shhh, no se puede.
-lo sé, pero deja de decirlo para poder olvidar que ayer y más allá de ayer fuiste infeliz.
-y hoy?
-no sé. y mañana tampoco se.

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