miércoles, 12 de septiembre de 2012

Lo que hay.

 

Hay una rara belleza en la simpleza cotidiana. Habría que encapsular el olor del pan. El color del tomate, el sabor de la manteca, el ruido de la risa, el verde redondo, el amarillo chiquito que refleja sombra.
Hay una inigualable belleza en la segunda lectura de un libro, y en ese encadenamiento de nucleos que enlaza el dedo a la hoja.
Hay un no sé qué en el aire, en el día de hoy.
Almohadón humedo. Toalla mojada.
Hay una espera terrible, un sociego intermitente.
Hay de a ratos un arranque de determinación, noventa por cierto de dudas.
Hay un par de tomates de quinta, cinco milanesas masacradas, alrededor de quinientos granos de arroz y una imprecisión de pimienta.
Había un gato dorado en ese segundo piso, durmiendo en el rellano de la ventana abierta, la cola colgaba al viento. Lo odie-envidie al mismo tiempo.
Había un hombre que cruzaba la calle. Un viento suave y fresco que barria todo. Habia en la playa ese olor que no hay en la vereda de mi cada.
Hay en ciertos momentos un había, pero en el hay, hay el haber. No importa sino me entendes.
Hoy hay un buen día, mañana habrá un había.

lunes, 10 de septiembre de 2012

C-a-l-l-a-r

Yo había querido decirle en mensaje (subliminal) gritado que si era una de las cosas que amaba porque era la unica que lastimaba. Se lo grite, lo calle, lo pregunte, reclame, exclame, solloze, calle... calle. Callarse, silenciarse, apagarse, consumirse. Callar.
Habia empezado a autocallarme por izquierda, a contramano, de contrabando. Luego por derecha, conservadora, con su permiso, para evitar peleas. Me calle hasta los silencios rellenandolos de tonteras. Me calle hasta los insultos educados sin malas palabras, hasta los besos nocturnos, hasta las caricias descocadas. Me calle en las calles, en los semaforos, en el cruce de la plaza, en el banco. Me calle hasta la vista, hasta dejar de mirarlo, tocandolo a ciegas, guiandome por su barba y sus abrazos.
Me le calle las broncas, las incertidumbres, le tire por ahi una indirecta que esquivo con su cintura invisible, le tire un par de dolores vestidos de reclamos, y hasta con la cruz de mi signos, le devolvi su bomerang, la lamida de su boca, el mordisco en la oreja, la caricia en la parte interna del brazo y el chocolate que nunca me comi porque siempre se olvido de darlo.
Yo habia querido decirle que callarse por las calles no era novedad, que maestria tenia, que si queria le enseñaba, que la vida humana era una copia de la muerte del salmon, que de a dos a veces las cosas van mejor, que siempre uno se queda sin carilinas pero el otro tendra la cara limpia para ir a comprar.
Yo queria decirle que me monte en un huevo lo que se le instalo.
Yo queria decirle
Yo queria
Yo.
Yo queria.
él no.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Todo lo que él fue, en si mismo.

Él decia que sabía de buen café y también mucho de ron. Estaba bebido dos de las tantas veces que me llamo. En una se le escapo un amor, en la otra la cuenta del telefono.
En una época había tenido dos gatos: Susana y Veneno. Cuando lo conocí tenía dos perros en una finca florida, pero ya no recuerdo como los llamaba. Ni qué flores había, tampoco su número de teléfono, ni la fecha de su cumpleaños- Olvide su apellido, su nombre sigue intacto.
Decia tener un departamento, yo creo que solo se tenía él mismo. Decia tener muchos amigos, yo solo creo que se tenía a si mismo; decia que (yo) era su niña consentida, yo solo creo que se tenía a si mismo; de vez en cuando pensaba en mi, pero se tenia a si mismo. Algunas noches me llamaba y hablaba conmigo pero yo sabia que en el fondo... yo no era él, ese si mismo. Algunas mañana marcaba, arruinando el sueño o volcando el café de la taza, no hablaba conmigo, era él mismo escuchándose en el teléfono.
Muchas veces giraba fotos, y el aroma mismo de la nada saltaba con cada descarga, un par de veces me mostro su letra, sus sabanas blancas.
Él era bien capitalista, práctico, añoraba en el fondo ser artista, pero giraba más para el cinico descaro de empresario que para un escritor frutrado, porque la lectura de Gasset y Ortega no hace milagros... decia saber de café pero no de relaciones, decia que si le pedia me daba un par de noches en tierras altas, el frio que no conoce calor, decia que no era nadie pero podia apurar tiempos, decia que me dormia, que demoraba, que asi no se avanzaba. Decia que me escuchaba pero no, que mi voz no era él, en el fondo lo sabía yo, que yo no era en si, si mismo para él...
Ya no se nada de él, ni a que altura respira, si respira; ni a quien ama, si aprendio; ni que animal tendra, si es que los canes finiquitaron o él se canso. Ya no sé nada de él, deje de buscar las cosas que se me perdieron, segura de que todo vuelve cuando se mira para otro lado.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Las i que caen del techo

Esta noche hay cierta incredulidad tirada al lado de la cama, a mi lado, ocupando el lugar palpable donde rato antes estaba la manta. Cierta incertidumbre al lado de la almohada, se va a meter poco a poco en mi mente, antes de que los parpados se bajen, antes de tocar el sueño, más razón habrá para despertar a mitad de la noche. Esta noche hay insastisfacción.
Hay excesos de I. Las i quitan lo que debiera ser y ponen lo opuesto en el concepto de la palabra usurpada.
Yo quisiera saber si sabes como es.
Yo, yo que de a ratos quisiera no serlo, que me pongo distintos zapatos para ver si en alguno de ellos deje mi buena suerte, que busco en los bolsillos de viejos sacos caramelos cuando la amargura se me mezcla entre los dientes. De apretar dientes y contener lagrimas. Aprendi a dejar carilinas olvidadas en cada bolso, y una sonrisa flaca en el cafe de cada mañana....
Yo, autotidacta, aprendí solita que las tristezas son como hormiguitas transparentes que hacen montañitas de lagrimas grises, yo que de a ratos quisiera ser otra mujer aprendi que yo nunca llegaré a ser otra, que es lo que hay, que de tripas corazon, porque siempre hay caramelos, y carilinas, y varios pares de zapatos para seguir probando; y que debo voltear el colchon con regularidad, para dejar las i mirando hacia el suelo, aunque desde el techo caigan más i, con mayusculas, y que en el descenso cobran velocidad, gravedad...
Cualquier escenario es peligroso cuando las i no estan en el decorado sino que salen disparadas desde tu propia sombra.
Sombras grises, intermedias. El matiz.


sábado, 1 de septiembre de 2012

Que hago ahora

Quiso saber Paco- ¿qué haces ahora?
Devoro chocolate y bombones de fruta, que ella me trajo.
Después de Kany, que me has enviado, escucho calle 13.
Te pedí que leamos juntos a Galeano, pero tu dices que sigues a Cecilia. Paco, que haces en tu tierra?
-Leemos a Galeano? leamos a Galeano- te insisto- que no quiero leer sola, que quiero que estes conmigo, Paco, leemos juntos?
Mañana debo perderme en la ciudad. Apunto, como esos 16 apuntes apuntados en hoja blanca con lineas horizontales.
Mañana debo...
Debo.
¿Que voy a deber si me he cansado de pagar?
La deuda externa se saldo, el ultimo centavo se giro esta noche.
Mañana voy a caminar la ciudad, como si las boldosas fueran nuevas y yo debo supervisar su calidad.

Pa´que vean que puedo escribir más tonterias, más sinrazones, más sandeces, más de todo aquello que ni merece ser leído. Pero nadie podrá decirme que no tengo derecho a escribirlo.