domingo, 14 de octubre de 2012

Una hora antes colgue mi toallón ya seco al sol. Lo retire después, antes de ir a ducharme. No sabía que tenía dentro tanta loca necesidad de ser tocada por el día. De tanto hibernar en algún momento hay que sacar la cabeza para respirar fresco.
No hace fresco, calor agobiante, resolana molesta. Mucho de todo, desbordante, desmesurado, como se me hace que fue America para los conquistadores, barroca, tanto de mucho que no sabían que palabras usar para describir. Ya hay muchas palabras que no dicen lo que antes decian, no es culpa de las letras, la realidad excede la linguistica.
En mis libros favoritos no he leido historias como la mia, mas cuando quiero escribirla me agarra una verguenza de vivencia vivida, que me trabo, me censuro, me miro los dedos, los encojo. Y miento y me miento. Como todas las mañanas en que me duche sintiendome mas grande que el baño, y despues pude salir por la endija de la cerradura de la puerta, pequeñisima, ya sin mentiras. Un alfiler de gancho, un punto en la hoja, una nada hecha gigante. Una nada goteante.
No hay un lugar en el mundo donde en este momento quisiera estar, por eso, y por otras cosas (que son muchas cuesta arriba) estoy aca, donde pocos quieren estar, y somos los que estamos, los exiliados de lugares que no recordamos, los desterrados nunca echados, los malparidos de madres nunca parturientas, somos nosotros, esa nada hecha gigante, los que estamos aca, mintiendonos de a rato, goteandonos el resto de los dias que forman epocas sin medida.
De a ratos hay una necesidad imperiosa de ser, ser mas que lagrima y sonrisa falsa, una necesidad imperiosa de carcajada con olor a mandarina, de uñas rojas, de pies desnudos en arena negra, de ser solo boca que bebe vino oscuro, de ser esa pequeña hora donde se esta cuando no se quiere estar aca, siendo una gigante nada que gotea nada.

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