viernes, 5 de octubre de 2012



 No supe de días sin lucha, ni de jornadas sin busqueda. Me llene de todos los sinonimos conocidos y pocos reemplazaron la palabra original que demasiado usada ya no queria usar.
Me llene de relatividad para buscarle compañia a la incertidumbre, y ese nunca y siempre que borre de bocas ajenas seguia intacto, en algun recodo de mi mente. Relatividad ajena para explicarme lo inentendible, rigidez propia para diferenciarme, para no ser mas de lo mismo en un mundo lleno de gotitas redondas, de cabecitas cuadradas. Ser triangulo nunca es facil. Lo redondo pone el mundo a andar. Lo cuadrado estabilidad. Triangulo nunca gira, no se puede voltear. Piramide que no sabe para donde apuntar.
Me llene de olor a tilo, a jazmin cada muerte de obispo, a resfrios por frio, al sol que arruga, al frio que entristece, a ese paso de dias que envejece. No conocí jornadas sin batallas ni dias sin busqueda. Para invertir lo que siempre se mantiene igual, al final comprenderas que de todos modos, todos terminaremos igual.
Extraño, ¿qué? eso de no aprender, de vivir una y otra vez, batallas y busquedas, y no aprender; al final, al final del dia, uno se mira al espejo y solo es un pedazo de carne, y lo que no pesa en el peso, todo eso subjetivo, eso mental y sentimental, pesa mas que el peso que ponemos a descansar.
Me llene de cosas que no pesan pero que extrañamente no dejan avanzar.

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