sábado, 27 de octubre de 2012

Los textos enredados ordenan las mentes maltrechas.

Se me rompió la piel, tiritas, finas, delgadas. Si vieras que sonido hacian al caer. Ligadas, unidas de por vida. Como esa voz mexicana al adios colombiano. Se me rompió la piel, dura, poco sonreía, y más se rompía. Tiritas finitas, como la delgada linea del estar a la ausencia completa.
Un pie estando, un pie en ausencia completa. ¿Hay ausencia a medias? ¿Hay sol con fecha de vencimiento? ¿Hay mañana sin su correspondiente pregunta?
De amanecer tantas veces no puedo recordar cual es la que cuenta como despertar.
No entendes, un encadenamiento de no entenderes. Sé. Como si se dieran la mano la sinrazón (unida) y la imposibilidad (no querida).
¿Te acordas cuando escribi una historia entre parentesis?
¿Te acordas cuando me hiciste odiar el parentesis aquella noche de poco frio y abundante humedad?
Sera que estamos condenados, al estar sin estar, al estando sin querer, abandonandonos sin dejarnos nunca. Sera que la ausencia de besos hace que valgan tanto los tan pocos.
Me gusta hacerte sonreir. Y ese beso que te das. Que era para mi, ¿sabes? así han sido estos dias, has aprendido a besarte porque me desterraste de tu boca. Y en esa cafe con torta, en ese cortado con tostado, en esa mesa sin televisor, en esa altura terrenal, en ese ultimo encuentro donde se dio el primero, esa noche en contrapunto con aquella tarde, en esas contraposiciones reconoci la distancia entre uno y otro.
La primera vez que quise engañar la futura ausencia te robe una siesta, en una tarde nublada, poniendote a prueba, pagaste un cafe a un piso del suelo. Nos miramos sin increparnos, por el solo gusto de tocarnos.
La primera vez que te eche en cara tu infantilidad nos comprobamos como hombre y mujer rozandose la piel.
La primera vez que temiste el abandono me sentí tan fuerte que olvide la debilidad.
La primera vez que te bese el cuello fue segundo despues de decirte malo, de que hubieras conquistado mis labios. El segundo balde de agua fria, cafe y cerveza, mesa redonda, elevada, buzo rojo en tu cuerpo, campera verde en el mio. en el medio tus ojos verdes y los mios, que ese dia no se que color llevaban.
Vos no me ves como yo, y yo no te puedo ver con tus ojos idealizadores. Intermitentes.
Vos intermitente en la tristeza y la alegria, en las promesas no asi en las vendetas.
Yo tan inamovible, en la promesa y el odio, en el recuerdo y el olvido programado. Los olvidos siempre me llegan como consecuencia de un acto anterior, ajeno.
Me sorprendo y recrimino, sabes. ¿De que? de la robustez de mis promesas, de lo indeleble de mi lealtad, de mi estructura en lo correcto.
Ella dijo que las estructuras rigidas son terribles cuando se rompen. Lo dijo en referencia a Pablo, pero era un palo indirecto que me cayo directamente ante los ojos.
La primera vez leiste a Marx. Dejaste el auto en el lavadero. Caminamos por calle de tierra empinada. Elegiste una piedra. Cambiamos dos veces de sitio. Cebaste mates y me mirabas cuando yo trataba de recordarte, porque te olvidaba constantemente.
Caminamos por el parque, partimos al medio su anatomia, desembocamos al mar. Yo te escuchaba, para olvidarme de mi pregunta. Muchas veces me pregunto a mi misma, y me pongo a escuchar voces ajenas para no responderme.
Sé. Sé que hoy, como tantas veces, no me entendes. Sé. Sé que hoy, como siempre, me entendes. Sé, sé que hoy fingis que no, pero sabes, vos sabes. Ouroboros, bombón.
Lo sabía (yo).
Ahora lo sabes (vos).
El tiempo dira, el tiempo, por que yo... yo solo voy a dejar que hagan los demás.

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