lunes, 10 de septiembre de 2012

C-a-l-l-a-r

Yo había querido decirle en mensaje (subliminal) gritado que si era una de las cosas que amaba porque era la unica que lastimaba. Se lo grite, lo calle, lo pregunte, reclame, exclame, solloze, calle... calle. Callarse, silenciarse, apagarse, consumirse. Callar.
Habia empezado a autocallarme por izquierda, a contramano, de contrabando. Luego por derecha, conservadora, con su permiso, para evitar peleas. Me calle hasta los silencios rellenandolos de tonteras. Me calle hasta los insultos educados sin malas palabras, hasta los besos nocturnos, hasta las caricias descocadas. Me calle en las calles, en los semaforos, en el cruce de la plaza, en el banco. Me calle hasta la vista, hasta dejar de mirarlo, tocandolo a ciegas, guiandome por su barba y sus abrazos.
Me le calle las broncas, las incertidumbres, le tire por ahi una indirecta que esquivo con su cintura invisible, le tire un par de dolores vestidos de reclamos, y hasta con la cruz de mi signos, le devolvi su bomerang, la lamida de su boca, el mordisco en la oreja, la caricia en la parte interna del brazo y el chocolate que nunca me comi porque siempre se olvido de darlo.
Yo habia querido decirle que callarse por las calles no era novedad, que maestria tenia, que si queria le enseñaba, que la vida humana era una copia de la muerte del salmon, que de a dos a veces las cosas van mejor, que siempre uno se queda sin carilinas pero el otro tendra la cara limpia para ir a comprar.
Yo queria decirle que me monte en un huevo lo que se le instalo.
Yo queria decirle
Yo queria
Yo.
Yo queria.
él no.

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