lunes, 27 de agosto de 2012

Una llama, una partitura.

No podía dejar de notar que el violin tenia una sola S, no dos. Y que no se desgarraba como debiera. Y que la pequeña llama de la vela podia consumir la partitura en cualquier momento.
Entonces ella dijo ser menos que ese nadie que aun no conocio. Y entonces la otra (ella) sonrio al pensar en su él. Entonces yo senti ser yo y extrañar, vos sabes, extrañar sin ejemplo que dar. Como uno extraña de veras, sin poder ejemplificar, sin parametro, sin medida...
Esa pareja adelante, besos desamorados se daban porque miraban al trio para olvidarse que eran dos. Esa pareja al costado, ese hombre que me regañaba con la mirada porque nosotras hablabamos, porque reiamos, porque bebiamos cerveza negra, de dos sabores, ni su coca, ni su sprite, porque bebiamos olvidandondonos del violin, de la guitarra, del chelo, de su cara agria, de su reto silencioso, que me silencio... Entonces volvi a desear que la llama consumiera la partitura, que el chelo cobrara relevancia, que el dueño de la guitarra dejara el ingles, dejara de llorar en canciones inentendibles, que dijera algo que entendieramos todos, que el señor de la mesa de al costado ya no me crucificara visualmente por reirme y hablar en medio un aullido que él no entendia.
Cada una tenia su propio él, su propio yo, su propia sombra, miedos distintos, ausencia de risas iguales. Sabiamos que en aquel rejunte de copas estabamos rompiendo con cierto destino marcado, tan complementarias en las tristezas, tan disimiles en las debilidades y fortalezas. Odiando en igual forma la voz y las cuerdas que rompia el guitarrista, y aunque apegada mas al violin (ese que digo me suele recordar a las ballenas) no lograba entregarme a la musica, porque estrenaba liviandad, porque esas decenas de velas en las mesas brillaban por algo, para iluminar charlas, y por algun motivo la unica llama que no se posaba en mesa alguna, se negaba a devorar la punta de aquella partitura, mal usada.
De psicologia sin matricula, ni divan, ni almohadon, de mesas grandes, de velas pequeñas, de falta de atun, de presencia de ex que no quiere entregarse al pasado, de consejos no escuchados, de grandes verdades de las que no tomamos nota, de rutina rota, de risas, de bebidas, de cuerdas no bien aprovechadas, de eso y mas, tirado todo en recinto no cuadrado ni redondo, anclado en una esquina, en el centro de alguna ciudad, se lleno el sabado pasado. Volvera.


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