jueves, 19 de julio de 2012

Ningun hombre cuidate de mujer alguna si pide permiso.


Vuelvo al comedor y veo la copa, de la que bebiste una hora antes. Te fuiste, que rareza. Mientras estuviste hablamos poco, extrañamente en ese poco dijimos mucho, posicionándonos lejos, uno del otro. Vos contra el calefactor, yo sobre la cama. Vos sobre la cama, yo al lado de la puerta. Dijimos. Y cada postura fue tan opuesta.
Me duele. No me entendes.
¿Notaste? no nos miramos a los ojos. Moquee un poco, inevitable.
Vos con tus hombros anchos no te acercaste.
Lejos, sabes, vos ahí, yo acá, lejos. Vos sabes.
La copa sobre la mesa, y vos allá, río y puente de por medio, Creo que hay más de siete kilómetros entre nosotros, y once años de vivencias, y algún rótulo que uno tiene y el otro desconoce, por más que lo envidie, no lo tiene.
Mis venas verdes y mi sangre roja. Mi sangre se multiplico. Está- Corre. Vive-
Ningún hombre cuida de mujer alguna si pide permiso.
Dicen que cuando baja el rio, y hay tormenta, llovera. Dicen.
Mi Piro decia que manos frias amor de un día y manos calientes amor para siempre.
Hoy tus dedos estaban tan grises, y no supe que temperatura tenían, hoy fuí tan yo defendiendo tanto mio.
El rio esta ahí, bombón, siempre llegando al mar.
Ningun hombre cuida de mujer alguna si pide permiso, y yo jamás cargue a otros con gramos que forman mis kilos.
Deja, bombón, se me acumularon los años, peso poco y mi espalda es flaca, pero te juro que mi mente es gruesa a pesar de su relatividad. Porque el ser humano se forja en sus propias contradicciones.
Porque mis venas son verdes, y mi sangre roja, y comenzo a multiplicarse, así, como los acordes de la vela o las lagrimas mejilla abajo, deja bombon, no nacio el hombre que me haga olvidar que uno mas uno son dos por convencion social.
Ningun hombre cuida de una mujer si le pide permiso. Bombon.

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