lunes, 30 de abril de 2012

Hoy es el día del trabajador, y voy a morir.

Hoy pienso en él, en Pablo.
"Hoy es el día del trabajador, y voy a morir". Pensó mientras subía la escalerilla hacia la cabina de su A-4B para cumplir su primera misión de combate en Malvinas.
Pensó y escribió tantos años después en su libro "Halcones de Malvinas".
 Desde aquel primer mail, a este día, en este día, siempre pienso en él. Y en esa extraña valentía que tan bien describió Clostermann, En "El gran circo": "La guerra para nosotros, no era la carrera desesperada, bayoneta calada, de millares de seres humanos que sudaban de miedo, apoyándose mutuamente y sosteniéndose en la matanza anónima y obligada... Para nosotros era el acto voluntario, individual, previsto, cientifico, del sacrificio..."

Todos los 1 de mayo, desde hace ya varios años lo pienso a Pablo, trato de imaginar esa extraña elección, ese temeroso-valiente pensamiento, ese subir de escalinatas, ese todo sentir, ese nada de egoísmo, ese todo, ese nada, ese subir sin certeza de regreso.
Pienso en Pablo que tantos años después es profesor de cadetes, allá en Cordoba, pienso en ese Pablo estructurado con paciencia para explicar(me) una y otra vez algo que, si no imagino no logro entender, y logré entender.
Pienso en Pablo, en el capitán al que no imagine de numeral.
Por que hay 1 de mayo donde el trabajo de uno puede ser la misma muerte, y sin embargo no hay feriado, ni excusa, y se sube (escaleras) y se asciende (cielo), y se trabaja, y se regresa.
Y se vive.
Vos sabes, son esas extrañas cosas que admiro. 

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