lunes, 6 de febrero de 2012

El mundo gira, y uno es mortal.

Cuando Rose me dijo que la ausencia irremediable traía de regalo una angustia desesperante, le creí. Cuando me dijo para convencerme, sin que hiciera falta, que había días en que lloraba las veinticuatro horas con descansos, de llantos, de veinte minutos, le creí. Cuando me dijo que a veces se rasguñaba la piel, como buscando quitarse el dolor, le creí. Cuando me aseguro que sentía ganas de gritar y de correr, deseando despegar de la carne el alma, llevándose el cuerpo pero dejando el dolor atrás, le creí. Cuando me dijo que en momentos de desesperación se pellizcaba los brazos para distraerse del nudo en la garganta, le creí.
Como no creerle a Rose, si había perdido a Oscar cuando imaginaban desembarcar en Latinoamerica para tomar largas siestas y descansar así de Europa.
Como no creerle a Rose, que se anestesiaba al mediodía con vino, a la tarde con clonazepam, que guardaba la mañana para llorar y la noche para ver si podía morir.
Porque no le iba a creer, si cuando otros hombres le miraban el pelo carre de un color que Paris no conocia, se miraba la punta de los zapatos, que Oscar le había regalado alguna vez.
Rose decia que lagrima y pensamiento estaban unidos. Y que lloraba mucho porque pensaba bastante, señal de que en su juventud no pensó porque no recordaba que hubiera llorado tanto, como para ocupar veinte minutos en tomar agua para tener más lágrimas después.
Como no le iba a creer si para ella el mundo era igualito, día tras día, se apilaban como los platos en la pileta, y cuando los limpiaba a todos juntos, reparaba en que había pasado otro mes.
Rose tomaba conciencia que el mundo giraba cuando veia los distintos tamaños de la luna desde la ventana de su dormitorio, tres pisos mas cerca del cielo que el perro que ladraba en la calle.
-el mundo gira y uno es tan mortal- se lamento eligiendo una pastilla igual a las otras.
La primera copa con vino había sido violada en su totalidad a media mañana, Rose tenia moretones en los brazos y los zapatos agujereados.
Yo le crei siempre, del dolor de la soledad diaria por una ausencia irremediable. Sera por eso que le alcance el clonazepam que se cayó al piso, y despuís se los fui poniendo en la mano, de a uno, a medida que ella los iba tragando, bajándolos con el vino.
-vos siempre mira la luna- me dijo- para recordar que el mundo gira.

Y yo le crei, sobre todo cuando el mundo siguio girando y ella ya no veia la luna junto a mí.

4 comentarios:

  1. Y Oscar seguía contemplando aquellas dos lunas, las que en una noche de desesperación, bajó para Rose. ¡Qué lejos está!, pensaba todos los días, mientras se iba sumergiendo en los confines del mundo inventado por los fármacos. Era por su bien, le decían. Al principio se negó a tomarlos, ahora los esperaba con ansiedad para poder viajar al mundo de las dos lunas. Era el subterfugio que aún le quedaba para seguir soñando con aquellas largas siestas al otro lado del océano, y el mundo, su mundo, continuar girando para saber que todavía estaba vivo aunque no le creyeran.

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  2. Guauuu, mujer, qué duro. Bello como siempre que te leo. Me dejás el alma estremecida. Cariños. Gaby.

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