miércoles, 4 de enero de 2012

Tan poco correcta

Ultimamente apenas varío el tarareo que me persigue cada vez que recorro los rincones de casa, se hace más presente cuando lavo los platos o me planto frente al espejo.
Hace más de veinte días que tengo abierto dos documentos en el word, y no los cierro. Es mi autoengaño, no cerrarlos para convencerme de que trabajo en ellos, cuando hace días no les hago más que cambiarles de lugar una coma, que no pondrá mucho de nuevo, solo una pausa.
Pausada.
Estoy siendo tan poco correcta estos días, más precisamente desde el 31, eso quiere decir que este año me encuentra incorrectamente femenina.
Es una parálisis que me molesta, esa molesta ansiedad sin raíz que tampoco da indicio de fin. Es tan dificil de explicar lo que uno no puede entender, entonces me siento en el borde de la cama, y miro las baldosas oscuras, y me levanto de un salto, segura de que un arranque creativo esta a punto de ahogarme, y... niente.
Niente, Piro, niente.
Entonces recuerdo cuando quería tener este tiempo para no sentir que era necesario pintarme las uñas y así usar de excusas el no poder usar el teclado. Son estas contradicciones tan propias del ser humano.
Busco motivos, pero sabes, no los hay. A veces hay que reconocer que el problema es uno, uno mismo, sin siquiera poder echar la culpa a la sombra.
Hay quienes me esperan, me incluyo en ella. Trato de volver a las fuentes, pero a veces estan resquebrajadas. Tal vez debiera volver a beber café, en alguna nueva cafeteria, a leer sin culpa, olvidando de momento mi biblioteca seria. Volver a gastar las zapatillas de reas, y pegarlas y despegarlas sin culpa, de sentirme rea, de que se me vean las medias. Sentarme fuera para que la noche me acaricie con el viento sur que siempre me trae escalofrios, pensando en un futuro que quedo en pasado hace rato.
Vos sabes, estas tonteras que conforman mi vida en eternos e intrincados pliegues, como el tu-tu, como los apuntes con letra de medico, con la cacofonia de mi desafinar.
Yo quisiera un crack, un quiebre, un golpe en el piso.
Quisiera no tararear mientras lavo los platos, porque cuando lo hago es señal de una leve victoria que deja atras una semana de sinsabores, o la actuación de una alegría ausente.
Me conformo con no tener tiempo de tararear, ni sobre los platos ni frente a los espejos.

1 comentario:

  1. Hola, no sé si había leído antes tu blog, pero me encanta, mucho.
    Ultimamente no leo mucho en la pantalla, trato de tirarme a los libros lo poco que tengo de opción de lectura. Pero acá me quedé. No sé si leí todo seguido, pero me metí adentro.
    Gracias.

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