lunes, 30 de enero de 2012


Rafael la miraba sin entender, era como una película en francés. Isabel no quería salir del barrio donde había caído cuando había despegado del cielo para apoyarse en Paris, dijo que al tercer día había visto un cielo amarillo justo sobre su cabeza, que no quería aventurarse más lejos, que no quería estar más bajo gris.

[Bajo él]

Él era gris y más alto que ella. Ella [Isabel] seguía teniendo esa menudencia de las cosas buenas, pensó.

-¿menudencia tiene sinónimos?

Isabel se encogió de hombros, no quería entrar a pensar. Pero fue más fuerte que ella.

-menudencia de chiquito o de poco.

-es la misma cosa.

-no

-chiquito es algo de poco volumen, poco- remarco él con suficiencia- ¿ves? Es lo mismo.

-menudencia podría venir de menudos, como le dicen a todo eso que llevaba el pollo encima cuando estaba vivo.

Rafael revoleo los ojos y suspiro invisiblemente.

-pero mi menudencia no es de pollo.

-menudencia debe ser de pequeño, como las explosiones de las veredas de este barrio, menuditas, chiquitas.

El placer y la felicidad comparten la menudencia del lapso de tiempo, sentencio en silencio Rafael.

-¿hay guerras chiquititas?

Isabel se detuvo de golpe, y un adolescente que caminaba muy cerca se la llevo puesta, ella se hizo a un lado con impaciencia. [Im] paciente se había vuelto ella en aquellos adoquines. Era un semáforo con una intermitencia casi sin intermitente.

-será que hay guerras cortitas.

-¿menudas?

-no, Rafael, una guerra cortita en el lapso de tiempo, rápida, como los besos apurados cuando te queres ir.

-¿Cómo los besos que das con mal aliento?- preguntó para molestar[la]

-que me daban con mal aliento- lo corrigió.

-yo no tengo mal aliento.

-nunca lo tuviste, pero hablo en pasado porque hace mucho tiempo que no dejo que me besen.

-no tenes quien te bese.

-puede ser, pero el no tener esta ligado al no querer.

Chupate esa mandarina, pensó [una vez más (él)].

-¿la guerra entonces no es menuda?

-suponiendo que morís en una guerra chiquitita o grande, morís. No creo que para vos eso sea algo menudo, solo por el volumen de hombres o la duración de la batalla.

Rafael rebusco en su bolsillo, de sobretodo gris, saco un cigarrillo arrugado e intento no pensar. No le convido humo ni ella lo pidió. Se quedo un paso detrás, se quedo viéndola caminar por el cordón, haciendo malabares para no caer en la calle, los autos no andaban rápidos, París no era Buenos Aires. La vio intentando caminar recto, sin caer, sin sacar las manos de los bolsillos del sobretodo rojo, Isabel se veía tan sola, tan lejana, tan ausente y antisocial, tan poco comunicativa. Isabel no quería relacionarse con los adoquines grises. Y no se acercaba a él ni siquiera por instinto de huir a cierta soledad tan incomoda como la humedad de las lagrimas en las mejillas ya muy mojadas.
[Isabel] no claudicaba ni siquiera ante la sumatoria de situaciones que ponían al humano a buscar una compañia más tangible que la de la sombra en los días soleados. Porque cierto era que había días nublados, y ni siquiera entonces ella dejaba su cuarto piso para subir al quinto.
Seria que los semáforos tenían un tope de altura para que fueran vistos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario