viernes, 30 de diciembre de 2011

Diciembre esta dando sus ultimos respiros, el año se ha escurrido como la sal en mis corridas culinarias. Se quiere ir, se va, y de a ratos lo empujo para que sea una despedida rápida y dulce, como esas despedidas por telefono, mentirosas, bellamente decoradas con un tono que se disuelve despues de la primera lagrima que cae; esa que moja la mejilla, corre por la cara, baja por gravedad y tristeza, llega al cuello y en su humedad final se contenta con dejar picor en la piel y una sensacion de vacio que pocas cosas pueden llenar.
Este año he dado mis refutaciones más memorables a tus argumentos mas sensatos y racionales, lo cual viene a confirmar que el uso de la palabra tiene un poder inigualable. He avanzado, con un impulso terrible, la primera siempre es fuerte, pero ya vez que en tercera me quedo, y la cuarta comoda es corta, y la quinta me da y me quita, y me quita permanencia, y asi bajo los cambios. y asi te pido que pongas punto muerto, pero que no retrocedas.
Diciembre me esta dando los conocidos golpecitos de calor, y pienso que en una noche de estas te invito a tomar un par de pintas, a tomar por asalto alguna de aquellas mesas donde conocí el agua fría.
Se va el año, y me deja tanto, y se lleva algo, y me quedo.
Y de segunda, ¿Qué te digo? que las segundas oportunidades me cuestan tanto, terrible esto, esto de no querer dar segundas oportunidades, una ironia que la menos perfecta quiera la perfección ajena, y que cuando se topa el roce de la perfección busca imperfecciones para contrariar, vos sabes.
Sabes que este año seguí sin ser lineal y simple, que sigo creyendo en una ley no escrita, circular, que en algunas horas estoy sin estar, y en otras no estoy,directamente.
Vos sabes que ahí nomás esta el año que viene, y que voy a seguir buscando nuevos colores en tu barba de tres días, que voy a seguir gustando de los aviones sin cuatro ruedas, que voy a disentir y diferenciarme de vos, de a ratos de mí, siempre de todos, nunca contenta. Que voy a querer me enseñes algo más, te equivoques un poco más, me quieras más sin decir de vez en cuando que es demasiado, como si te estuviera costando un crédito a largo plazo.
Yo voy a seguir cuidando tus dedos, para que cuando sean mios no me duelan; voy a seguir mirándote distinto pero queriendo siempre lo mismo; voy a dejar la ansiedad colgada de la puerta de entrada, para no cargarla en los labios cuando falten quince minutos para que vengas, voy a barrer el piso que rodea mi cama, para que no te lastimen los pies desnudos las pesadillas que tengo en noches oscuras... el año nuevo esta ahí nomás, un bolso lleno de letras también, el tempranillo que no bebimos en navidad, el pedido que te quiero hacer, las tres cuentas pendientes, el proyecto proyectado siempre adelante y nunca en pasado.
Ahi esta el 2012, ¿lo ves? le veo la nariz al primero de enero, roja, caliente, de verano y de resaca. Le veo los labios secos, las manos secas, secas y calientes, de a ratos asperas, siempre grandes, blancas, tiernas.
Te veo el primero queriendo estar el segundo sin lograrlo hasta el tercero.
Qué pena, bombón, que siga sintiendo que mio mio, no sos.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Isabel no sabe que hace en París. El cielo amarillo no es tan frecuente como para haber cambiado de aires, para haber dejado Villa Urquiza y la vereda amarilla, esa que Rafael le busco para la primera caminata.
Rafael es distinto Rafael, respira distinto. No puede besarlo, aún no se enamoro de éste que pisa adoquines como si fueran charcos esperando que se unifiquen y sean un río. Río había en Buenos Aires, insiste Isabel, río con barcos de ruedas que amagaban pisar cardumenes distraidos que dejaban la seguridad de la acera.
Isabel insiste en comprar un diario que no lee para crear una rutina que le permita ser dueña de un hábito. París no la quiere, ni de dueña ni de foranea. Isabel no hace esfuerzo por hacerse querer, solo quiere ver algun amarillo y un Rafael en un gris que se asemeje al que era antes de caer en la cama de Graciela.

Porque los hombres caen y se levantan. Y esperan que la mujer no los vea tropezar.
Y algunos dicen que lo peor es que los dejen de amar.
Y algunas, como semaforos intermitentes, quieren amar de por vida sin que se les vaya cayendo el hombre, en algunos colchones, donde no se lastiman pero dejan chichones en cabezas de mujeres que son nuevos rotulos, que son nuevas en comparación con viejas, viejas esposas, viejas amantes.
Nuevas.
Isabel quiere ver amarillo, porque de tan deslucida se siente color crema. Y el ocre entre rojo y verde no significa intermitencia. Es nueva, distinta, rara. No ella.
Ella viste de rojo, tiene las venas verdes, el aura amarilla.
Rafael es gris, intermedio.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Las ausencias viajan en circulos.

Las ausencias duelen como si se estuviera descascarando tu alma. Duelen, sin remedio aparente, ni visible, mucho menos negociable.

Los años pasan y las ausencias aumentan, extraño esto de acumular penas y no amortiguar dolores. Extraño esto, de comprender (subitamente) que no era que yo me alejaba, sino que vos habias comenzado a caminar en distinto sentido, golpe al alma (tal vez no tan subito) recibido en el momento exacto en que se siente terror.

Pero no es un terror palpable, entendes ¿no? no tiene nombre, ni rotulo, ni explicación, la vida no tambalea, el miedo no viene por la ausencia de algo imprescindible, el pánico nace del temor de perder algo que se puede tener, y no se entiende porque se puede perder. Es un enredo, lo sé.

Mirá que sé muchas cosas, tantas (como ya dije) no tienen ni ton ni son, esos conocimientos previos, que son conocimientos, previos, muy previos, pero presentes, sabes que se acumulan y engrosan a diario, pero que en realidad de prácticos no tienen nada. Bueno, te decia, yo tengo muchos de esos conocimietos, pero me falta lo primordial, vos sabes, secuestrar a una propia parte de mi ser, meterla en un enclaustro, imponerle meditación, incitarla para que recapacite, me entendes... si, si. Esa parte en que acordamos esta en mi esencia, también acordamos no nos ayuda a remar, acordamos también que estaba ahi ante la primera pinta-café, vos de rojo, yo de verde, y tu primer balde de agua fria. Esa esencia ya estaba ahi, pero al parecer hoy es una tranca en la rueda, y tu rueda no es muy moderna, y se ve que mi palo es muy resistente.

Pero yo te hablaba de ausencia, ¿te acordas? siento una ausencia conocida, y por conocida le temo, porque sé el daño que inflige, el dolor que trae, las lágrimas que me cobra, la tristeza que me impone, el tiempo que roba mi sonrisa, el poder que tiene para disolver mis pensamientos. Sé que no tengo porque lidiar con ella cuando puedo reemplazarla con la presencia.

¿Sabes que ausencia no tiene sinónimos? para presencia, aunque no abundan, hay un par que se le pueden aplicar. Ausencia es única, no reemplazable, ausencia de algo que no se puede describir, y se llama contacto. Describime el contacto para que lo conozca alguien que nunca lo tuvo.

No podes.

Bueno, la ausencia es algo así, y también distinto.

Es ausencia. Esa ausencia que me perseguía aquel final de invierno en que caminé, de noche, por la plaza frente a la iglesia, esperando que dieran las seis y media. Caminaba y fingía no llorar, vos sabes que este viento del sur trae lágrimas aun en las alegrías. Y que justo, en aquella plaza adoquinada, frente a aquella iglesia, rompiste mi ausencia al presentarte en colores. Ya ves, esta vida es circular, y los círculos ponen el mundo a andar.

Y las ausencias, vuelven, una y otra vez (porque se montan en líneas que forman círculos, para viajar gratis y no dar olvidos).

sábado, 17 de diciembre de 2011

De huellas que parecieran surgir de la nada.

Uno sabe que viene indefectiblemente de algún lado, a veces se nos da por preguntarnos, ¿De donde?

A veces uno se siente negro en un mar blanco, una mota de aceite nadando en un mar de agua, y entonces uno, tan inconsistente, tangible, real e imaginario, uno tan uno, tan distinto, tan poco probable y tan probablemente uno mismo, se siente alejado de todos y acercado a uno mismo. Así, enredado, entendiendose solo a si mismo, en el mejor de los casos, se pregunta por que es como es, así. Así, ¿me entendes?

Y uno es producto de su historia, que no comenzó ayer sino instantes después de su nacimiento, es consecuencia de su entorno, de sus conocimientos, de sus sentimientos, herramientas, ausencias, presencias, lagrimas y risas, amores y desencuentros; uno es el resumen de su pasado. Uno es uno, no puede serlo sin antes haber sido nada.

Me pregunte de donde venia al momento de elegir el blanco y negro para la foto. Porque te lo dije, Alejandro, el blanco potencia emociones (también preguntas y respuestas)

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Es una tierra, no?

Acumulo fotos ausentes.
De rojo, tapando la claridad de la tarde. De rojo y con barba colorada, y ojos cansados teñidos de verde.

Mojado el cuello, con menta en la boca, con tierra en las manos, con fuerza en los dedos.

Dos abrazos y cinco besos. Dos besos verdaderos en la vereda morada, acanalada, llena de tierra y ausente de viento.

cinco minutos? seis? no alcanzamos los diez.

Es esa mirada, como las que das con desesperación cuando el tiempo corre y las palabras ocupan muchos segundos. Vos sabes, es esa mirada que quiere decir mucho, que no dice nada, que se queda en el intento, pero el intento atrapa.

Las primeras charlas filosoficas dieron lugar a tamaños enredos, yo venía torcida, vos intentando enderezar la soledad.
Es una tierra de hombres malos.
No llegamos a acuerdo alguno, es una tierra de hombres malos. Para vos eso es relativo. Hoy de rojo, de verde, de menta, de tierra y cansancio, hoy tan vos, tan tuyo, y yo tan mia, pero tan poco dueña.
Y no logras entenderlo.


domingo, 4 de diciembre de 2011

Amorios


Sebastián la quiere para sí con un egoísmo que no quiere (porque en realidad no puede) disimular, y piensa que su frontalidad es un punto a favor entre tanta banalidad.

Para él, ella es linda, pero de una forma distinta. Linda rara, una belleza que hay que buscar por separado y luego armarla en un total que no a todos puede gustar.
Es mucho, mucho contrate de rojo y blanco, de gris y negro, de menudencia y voluptuosidad.


Helena no se mira la vida cuando se mira en el espejo, ni se mira los pies cuando se calza; ella vive recortando la realidad, para vivir solo la mejor parte, obviando cual chiquilla, las menudencias inmundas de la vida real. Porque para ella, Helena, las cosas importantes deben tocar el cuerpo para poder entrar al alma.

Para él, él con nombre de Sebastián, los días a futuro se le figuran como un rejunte de incertidumbres contra las cuales piensa dar pelea aunque ya haya mandado a pintar el cartel de perdedor, pero es que la vida se le presentaba veloz y vertiginosa y se desorienta (desubica y pierde) entre la pasividad de una irrisoria ciudad (no populosa).

-vos sabes que yo conozco a un Miguel?- preguntó aunque más bien era una sentencia, como cuando sentenciaba que el bollo no se iba a leudar porque le había faltado el último golpe de gracia.
-¿vos sabes que yo conozco una pelirroja de piel blanca?- replicó él, con una pregunta, como siempre decia que no había que hacer.
-conoces muchas- corrigió- pero yo soy la primera por la que quitas el pie del acelerador.

Entonces Helena se sentaba, apoyaba el mentón en la palma de la mano, miraba hacia una pared esperando algo material que nunca ocurria. Entonces Sebastián se acercaba por atrás y la alejaba de la vista, se acercaba para sonreirle, para contagiarle ese estirar de labios, para que le quisiera convidar del aliento, para que le dijera algo.

Porque Helena le vivia diciendo cosas cuando no le decia absolutamente nada.