martes, 29 de marzo de 2011

En la vereda

Le presto el cuerpo a un orgullo enorme, a veces me devora la razón y después el alma, la cena y el postre. Hoy pude matarlo, y me siento orgullosa del orgullo muerto por unos días. He de decir que he descubierto moran en mí dos orgullos distintos.
La tarde se me hizo larga para el homicidio, sentí un atisbo de culpa para con mi fortaleza, como si el ceder me hiciera mas vulnerable. Entonces pienso que eso no es posible. Mate lo que tal vez no tenga muerte duradera.
-las palabras no te suplantan.
Estabamos tan cerca que de nuevo podía ver lo colorado de tu barba de dos días, el cansancio acumulado en cada poro, el anhelo y el no tener que no tiene remedio... y era de noche y en la avenida el ruido tenía su alcance máximo, y tus manos en mi cintura hacian tiempo como si lo tuvieran, y mis brazos sobre tus hombros no tenían mucho más segundos en el futuro inmediato.
Mis palabras fueron como un golpe en tu mentón que hizo tiraras un poco hacia atrás la cabeza, y en tus ojos vi la confusión antes de que tu boca lo confirmara. Entonces, sin dejar de mirarte, repetí.
-las palabras no te suplantan.
Y volví nada lo que tanto digo, y extraje el valor a todos los mensajes que me das, y por una milesima de segundo no hubo una declaración más contundente que la mía.
Rato antes había bailado con mi orgullo, orgullosa, el bueno, pero después dijiste que a veces era muy hiriente, y esta vez fuiste vos quien mato mi buenorgullo, es que creía que hasta el momento había podido mantener a raya mis palabras más duras, las que sabía podrían herirte de muerte... las que me hacian sentir buena niña... 
En un día había quedado sin orgullo, ni bueno ni malo, despojada de todo. El último lo mato él, el primero yo, y así vacia me acoste, no tan pura como debiera, no tan santa, no tan yo...

domingo, 13 de marzo de 2011

(Auto)excluída

Que tontería, si uno supiera lo que se equivoca...
Es que quienes creen que las saben todas, porque estan en el precipicio de momentos importantes, se cuelgan palabras que no saben, se apropian de rotulos que les quedan grandes. Entonces un deseo lo convierten en una verdad, que a la primera de cambio les va a pegar una trompada, lo que no esta mal, pero hay daños colares, y no son ellos los que la van a pagar...
Sé que no voy a ser la mujer en la vida de hombre alguno (esa que significa todo y que sin ella no hay nada), pero sé que tengo algo que no tienes, y que justo eso anhelas. Quien sabe, tal vez no sea la mujer de tu vida, y sin embargo sere la diferente.
A veces se me termina la paciencia (como les pasa a los otros para conmigo) y me dan ganas de escribir maldades (que los demas borran) y me ataca el humor negro (que los demas convierten en gris) y sé que sere mala, sarcastica, levemente endiablaba, pobremente generosa... y me contengo, y pienso en ese bendito arbol del que un día Pablo me hablo, y pienso en la que fui, y recuerdo mi tolerancia, y aparto las yemas del teclado y así soy a simple vista simpatica y en el fondo una antisocial selectiva.
De tanto que me choque tengo en la frente pedazos de escombro (descubrimiento por palabras de Anita), de tantos taranes solo me queda el cinco por ciento de lo que fui en un principioo (y va en descuento), y al final no se si sere el recuerdo del comienzo, el final de la real, el despojo de algo sin nombre, los pedazos incandecentes de un total. me rompo, me quiebro, no encuentro quien quiera armarme, quien quiera recuperarme...
Tal vez ella (Ruth) diria que, en un grito sin sonido, pido resguardo, el golpe seco que me detenga, el abrazo que me sostenga, la mano que me rearme. el freno.
Me quedo chico, y no lo sabe.
Se lo digo entre lineas que no lee.
Se lo grito en los besos que se diluyen en su boca.
Cuando mis dedos como hormiguitas blancas, suavecitas, lentas y silenciosas, raspan su barba de un día, trato de escribirle en la piel que me le estoy escapando, que sino me ve voy a perderme, que sino me atrapa me escapo... pero no hay caso, él quiere ser caminado, se olvida de mi, siente la brisa, cierra los ojos, respira mi perfume como si hubiera llegado para quedarse/me.
Me/le duele.
Agua salada tenemos, perdemos. somos y no queremos, estamos con esperanza de irnos.
Me quiere y lo quiero, ahora mucho, mas adelante no tanto.
Mi constancia es tan vaga...
Me va a perder y no se quiere enterar, y mi sutilidad insiste en no ser elocuente. Me va a perder y no habra marcha atras, los gritos me salen en voz baja
¿Como le puedo avisar?

sábado, 12 de marzo de 2011

No recuerdo con exactitud cuantas veces amanecí anoche antes de la definitiva, tal vez cuatro. Hay cosas que uno insiste en tener claro solo para calmar la obsesión por los detalles, como si se temiera que un día alguien nos apurara en una conversación y uno no tuviera cómo defenderse por no tener el horario de un mensaje o el día de una declaracion importante...
Ayer por la tarde llovió. Tanto que el río gris de cemento fue un río mugriento, humedo y burbujeante como las calderas de las brujas en los cuentos de niños. Ayer la observe hablar y me contagio de amor, le mire el pelo y sus caderas anchas, le mire la boca simil a un sobre cerrado por el cual, increiblemente, salian palabras maravillosamente claras. Entonces supe que de su boca conocería mucho de los errores que había cometido, y que aún sigo cometiendo.
Tal vez anoche desperté mucho porque estoy empezando a incomodarme a mi misma, y porque horas antes había mentido a dos personas y una de esas era la mujer que veo cuando me paro frente al espejo, después del café, antes de pisar la acera.
Hoy a la mañana también llovió, mucho, y no sé a ciencia cierta cuantos relampagos cayeron, cuantos rayos oí lastimar la ciudad; pero no importa, no entro en muchas conversaciones climaticas, ni voy a defender mi postura en ellas, uno habla del frio o el calor en las colas del banco, en las salas de espera, y hoy es sábado...
Se fue triste, igual que anoche, pero hoy fue más notorio.
-¿te desilucionas rápido?- quiso saber con seriedad, esperando ingenuamente una respuesta que no le iba a dar.
-si, porque las cosas buenas no me duran.
La mujer que corrió hacia su auto cuando más llovía metió un pie en el rapido reguero que se deslizaba por la calle como si debiera llegar rapido hacia algún sitio, y en ese momento me pregunte qué sentiría: ¿asco o frío? Siempre me quedo con la boca llena de preguntas que nunca escupo, y el comerlas me produce atraco de ignorancia.
Me lastima haber descubierto que mi virtud no le basta, que lo que siempre creía era un punto a favor en realidad es una cualidad invisible y sin peso; y la herida no duele, en cierta forma es buena tenerla. Cuando las cosas duelen no se olvidan. Mi dolor en el lado derecho. De hace diez días. Una decena de mentiritas diarias y el postergar un paso que a claras resulta ineludible. Pero el no saber me permite engañarme...
Podría ser que esta noche amaneciera cinco veces, todas en soledad, todas en cama cuadrada, no rectangular.
Va a llover, una vez más.