lunes, 28 de febrero de 2011

La verdad se pincha

No me pidas sinceridad sino la vas a saber usar, con lo que me cuesta darla (y pedirla)
Es que creo que las preguntas deben ser hechas cuando se quiere oir las respuestas que uno no quiere oir, de todas formas, la sinceridad es y no es un descubrimiento que de a ratos (y a los lejos) no se vea venir, se le llama presentimiento (pero en psicologia lo rotulan de deseo).
El tema es que soy medio sincera (bajo amenaza), en verdad que no miento (solo omito), entonces esquivo a los sincericidios porque provocar dolor no es lo mio, y en general si debo decir verdad, no, en realidad no las digo. Verdades malas las omito, y si son buenas se me escapan en las letras, en los ojos, por la yema de los dedos... que se yo, nunca fui portadora de (muchas) malas noticias sinceras (tal vez debiera)
La verdad pincha la ilusión, es como cuando te viven reventando los globitos apenas salen de tu cabeza, te matan los sueños con la aguja de la realidad, como la noche que me dijiste que yo te hacia feliz aunque sabias que yo no creia en la felicidad, ahi me rompiste el globo de la ilusion de que a vos no te iba a lastimar, y en el transcuro queria salir ilesa (yo).
Quiero ser amarilla, tan amarilla como la pelota de tenis (aunque sin el verde), como la yema del huevo (sin el naranja), como el sol (sin el excesivo resplandor), como el limon (con acidez soportable) como mi remera rayada (sin la raya del blanco), como tu llavero (sin el ruido molesto en el auto), como el aura de Isabel (sin el engaño del gris Rafael)
Quiero ser amarilla, no tan redonda, no tan fragil, no de goma, quiero ser amarilla y contener aire (para ser liviana), y tener ilusiones sin miedo a que me rompan.
Quiero ser sincera sin culpa, y vos debieras pedir cosas que no vayas a rechazar cuando te las tiren en la cara, como por ejemplo sinceridad.
La verdad pincha, hace ruido, asusta, a veces deja nada, a veces deja espacio para que vengan mas globos, de mas colores  y menos fragiles (mentirita)

sábado, 19 de febrero de 2011

Sé, ya sé. Lo sé.
El mundo afuera sigue estando, no detiene su ritmo, no atenua su trajinar.
Lo sé, te miro y no cierro los ojos. Te escucho y batallo o declino, pero nunca me da igual.
Sé.
Hay días que recuerdo lo que quiero hacer, tambien lo que quiero. No siempre concuerda, pero es lo que existe. Reconocimiento a la obligación.
Pensar en un día de 24 horas que me agraden. Jamas me sucedio. Me atropella el miedo.
Temor a la ausencia.
Tuya.
Entonces te vas.

No recuerdo como hacia antes para hilvanar palabras, formar frases. Como hacia para crear parrafos que hicieran capitulos. Como imaginar historias que pudieran leerse. Me extraño.
Extraño la risa y el llanto (mios, ambos)

Isabel a veces me reclama. Rafael nunca. Diego casi a diario.
Perdí el habito de la escritura, el de la lectura. Casi olvido las imagenes. Me desconozco, me horrorizo. Me veo y no soy yo. Es la carne.
Cambiar para seguir siendo yo. Ser la que siempre dije no seria.
Esas locas ganas de gritar y el silencio impuesto que no rechazo.
El tiempo presente y que descuenta. Lo sé.
No lucho, no batallo.
Espero.
Observo.
Me dejo estar.
Entonces recuerdo tus diez falanges blancas. Tus (dos) brazos fuertes.
Quisiera ser mas pequeña (no puedo)
La mente sigue trabajando. El cuerpo descontando tiempo a la vida, o sumando ( a la muerte)
Proyecto siempre.
Te engaño (siempre)
Dame (pero no me gusta pedir). Quiero hartarme (como del cansancio, el calor, el pensar) hartarme de tal forma que por meses no quiera nada parecido.

Sé.
Quimera.
Utopica.
Soledad-
Sé, las letras al final tienen algo de verdad.

sábado, 12 de febrero de 2011

Los que niegan nombres y dan rotulos

A Isabel le obsesiona la razón, o la denominación de locura que no logra entender.
Va una y otra vez (ya van doce veces) al Louvre. Olvido el abrigo rojo en Buenos Aires, camina por Paris con pasos cremas y las venas verdes...
Doce veces ha ido al museo, en la docena siempre se detiene ante el cuadro "La Loca".
Isabel no entiende. No sabe como entender.
Piensa que Géricault fue malo. Leopoldo se enoja, Javier la ignora. Isabel no tiene abrigo rojo, ya sus pasos se han deslucido, en vez de amarillo son ocres... sus venas aguadas... ya no es un semaforo intermitente, lejos Buenos Aires, la linea recta, lejos hasta la razón, la casa de artistas... Paris no la ama, no se entera que la pisa.
Isabel se enoja con Gericault porque la gente que visita el museo solo señala a la loca y habla de la loca pero nadie sabe su nombre, le molesta que no le haya puesto de titulo el nombre, que no le haya dado una identidad, que le haya negado ser alguien...
No puede usar la locura como un mal termino. Isabel es incapaz de decir algo malo de las diferencias, no puede, no quiere, teme...
él anda por ahí, aún no pisaron la misma baldosa. Tampoco ha logrado ver el cielo amarillo sobre Paris. Se queda, perdura sobre adoquines extranjeros, se detiene casi siempre en la misma confiteria de mala muerte, atendida por un mozo latinoamericano, a beber (no sola) el vino mas barato, a hablar sin coherencia y a extrañar con ganas el te verde de Clara y la belleza de la colorada...
Isabel esta sin estar (como predijo Rafael). No sabe porque se queda, porque permanece donde no la quieren, donde la ausencia de colores le duele en la vista, en los dedos, en la vista de pinceles sin oleos. No ha gritado y quiere hacerlo. Fuma y extraña, y no lo busca.
Democracia debe extrañar las llamaradas acusticas (un poco menos que a ella).
Isabel sabe que se le termina el tiempo, que La Loca sigue allí, sin nombre, que Gericault fue malo, que la rotulo y se olvido. Isabel no olvida. él aun no le borro el dolor en la piel.

martes, 1 de febrero de 2011

Pensando en negro estando en gris

Y entonces pensé, por tristeza y algo mas, en como seguir mi vida si tu salieras de ella. Entristeci tan pronto que ni siquiera puedo decir paso un instante (tonto esto, no se puede entristecer mas rapido que en un segundo). Quise pensar, y ni siquiera llegue a hacerlo bien, como seria amanecer sabiendo que no estarias, como pasaria la mañana sin esperar tu mensaje, como almorzaria, como llegaria la una sin que me dijeras amor, quise pensar en las caminatas solitarias, las que hacia antes, quise pensar en frio adorado pero mejor recibido desde que tengo tu abrazo, quise pensar en celeste sin relacionarlo a tus ojos, quise pensar en cinismo alejado de las respuestas que suelo darte, de las que te quejas en menor proporcion que al principio. Quise, siempre ando queriendo, y no pude.
Siempre anduve queriendo, esperando o buscando. Lo hablamos, es distinto el buscar del esperar. Si uno busca, confia en uno mismo. Si uno espera, se entrega al destino. Siempre anduve queriendo, no ha pasado invierno que no sea así... pero te dije que aun queriendo confiaba mas en el destino que en mi. Vos... vos sabes pelear, aprendiste a pelear. tambien nos diferenciamos, una vez mas (para variar).
Mas de una vez me has dicho quisieras estar en mi cabeza, sobre todo cuando me ves pensar y me niego a dejarlo salir, y siempre te digo que no te gustaria saber que tantos pares de ideas surgen  en mi mente, que tantas probabilidades manejo de un solo problema... y vos lo has dicho, tambien, al igual que muchos, tambien, que me adelanto, y pienso por otros para tratar de resolver un problema que aun no me exploto... me has dicho tanto...
Podría vivir sin esto, sin tu abrazo, sin tus muecas, sin tus labios finos cuando te enojas conmigo, sin los mensajes, podría, pero ¿por que hacerlo? si esta en mi la posibilidad de luchar, por primera vez, por que pensar en perderte, si vos no te rendis, ¿por que habria de hacerlo yo?
Podría vivir sin la linea que marcan tus besos en mi cuello, sin el indice que me arranca sonrisas, sin los retos por si acaso, sin los besos nuevos, sin la piel, podría... pero si vos no te rendis, ¿por que habria de hacerlo yo?
Hay una pregunta que no te hice, que hasta ahora no me anime a hacer
-¿me queres por los detalles que te gustan o por el total imperfecto?
(la perfección no existe, y en esto no hay levedad posible)