jueves, 3 de noviembre de 2011

Las gotas parecían bolsones de historias reventándose contra la tierra. Y era tan parecido a nosotros. Las gotas eran tantas, como personas en el mundo, y hay tantas historias como gotas cayendo en la ciudad.
Que caen.
Estaba tan sola en esa parada, tan mojadas las botas, tan apagada la cabeza.
Que voy a hacer con tanto cielo para mi... (sonaba en mi mente, entraba otra vez en mis oídos) y estaba tan sola y tan mojada, tildada mirando el asfalto brilloso, los charcos parecían bailar al recibir una y otra vez, por cientos de veces multiplicadas tantas historias, remendadas, que se estrellaban para ser una sola. Una sola gran historia, un charco, roto el bolson...
De lo que quede de mí te llevo un poco... (Ciro entra sin permiso por los oídos, le abrí las puertas de mi mente, le deje hacer fiesta en mi cabeza)
Por primera vez en la semana tuve mi momento de: no me importa nada. Vos sabes, ese lapsus donde ni siquiera te duele el dolor, ni te molesta la espalda mojada, ni intentas detener una lagrima que cosquillea mientras baja. Baja lento porque una gota no lleva tanto peso para ganar aceleración en la caida.
Respiro hondo y tomo el vino...(Dejo que cante la canción que elegi entre la centena que guardo en el celular. Dejo hacer lo que elegi)

Una pelotudez más, para engrosar el bolsón de cada historia, de cada gota que como humano cae sobre el asfalto sin rebotar, para romperse sin remedio, sin poder detener la caida aunque no lleve tanto peso, como la lagrima.
Vos sabes, estas asociaciones.


No hay comentarios:

Publicar un comentario