lunes, 10 de octubre de 2011

En recintos.

Sabes, anduve hoy temprano. Anduve acotada. Ando, aun. Ando, así como sabiendo que debo hacer algo, y el tiempo pasa rápido, más... más yo ando despacio. No por el cuerpo, lo sabes. Me duele algo, del cuerpo. Pero también algo anda raro, no se explicarlo. Yo sé, vos sabes. Vos entendes ¿no?
Me supongo que no, pero por condescendencia decis que si, porque no cuesta nada hacerme creer que lo inexplicable en mi, para vos no existe. Decis entender que me duele algo, que no es el cuerpo, pero que de mi cuerpo duele. Como si mi cuerpo tuviera una extensión sin atar, dejada en el bolso, olvidada en el placard.
Son los recintos, acotados, no hay problema con que sean rectángulos o cuadrados, es el aire, y lo que flota en los recientos, ese aire que pareciera juntar las paredes y comprimir el cuerpo. Son las miradas, y la ausencia de sonrisas, y la opresión que siento no sé donde, pero la siento porque algo en mí esta oprimido pero no puedo señalarlo.
Es como ver mil días iguales, y mil más por venir. Calcados. Candentes y aburridos, opacos, sosos, desabridos, tristes y melancolicos. Oprimidos.
Anduve y ando, camino por la recta del pasillo, no hay curvas en la casa, ni mesa redonda ni pava cuadrada. Gasto el tiempo y mañana lloro, por los minutos gastados en desperdicio. Ya no golpeo teclado ni paso las hojas. Es un "sin ton ni son".
No es bueno olvidar, pero descubrí que es peor no poder olvidar. Uno se vuelve pesado de tanto que carga, y las venas se agrandan, y el recinto que contiene tristezas prensa su contenido para hacer espacio.
Recintos acotados y funcionales.
Funcionales, así como ciertos mundos.
Vos entendes, y decis que si. Por costumbre y porque rara vez te pongo en aprietos, vos sabes que rara vez indago cuando sé que te vas a embarrar, digamos que es para no avergonzarnos, para no hacerte pasar ridículo, para no darme cuenta que vos, justo vos que siempre me comprendes, en realidad siempre me mentís.

No hay comentarios:

Publicar un comentario