jueves, 19 de mayo de 2011

En un minuto no se condensa la eternidad

Lo irremediable de la muerte. Lo indisoluble de la ausencia a la que solo queda acostumbrarse (no se puede remediar la ausencia del cuerpo por ausencia de vida).
Pensé en eso anoche, al recordar en la cama cierto articulo sobre lo que estaba haciendo R. Walsh en lo cotidiano, como plantar lechuga y cargar las armas.
Es que pasado un tiempo lo terrible también entra dentro de la rutina que se instala en los días.

En el primer instante en que uno sabe de una ausencia permanente, se llena de pensamientos, en un segundo trata de saber en que horas del día extrañara a la persona muerta. Tontera. Lo que uno quiere hacer es sufrir en un momento, de un solo tirón, soñar con que en los días sucesivos asimilara la falta, la internalizara, la aceptara y no tendra dolor, ni angustia ni llanto. Quimera. El duelo es tan largo, el olvido inexistente.
Pensé en Walsh.

Pensé en circulos de oro, y en piedritas nobles que nunca pierden el brillo. Pensé en los conceptos que jamás pude recuperar. Pensé en las letras que olvide.
Anoche pensé hasta que el sueño me vino a golpear los parpados, antes de bajarlos pensé en la Quilmes Bock, en el perfume con resabio a limón, en las miradas que quieren decir y se quedan en el intento.

La vida también se construye sobre ausencias.

1 comentario:

  1. guauuuuuuuuuuuuuu
    si..asi es ,la vida se contruye con ausencias,que se vuelven presencia de otra forma..asi se sigue

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