sábado, 12 de marzo de 2011

No recuerdo con exactitud cuantas veces amanecí anoche antes de la definitiva, tal vez cuatro. Hay cosas que uno insiste en tener claro solo para calmar la obsesión por los detalles, como si se temiera que un día alguien nos apurara en una conversación y uno no tuviera cómo defenderse por no tener el horario de un mensaje o el día de una declaracion importante...
Ayer por la tarde llovió. Tanto que el río gris de cemento fue un río mugriento, humedo y burbujeante como las calderas de las brujas en los cuentos de niños. Ayer la observe hablar y me contagio de amor, le mire el pelo y sus caderas anchas, le mire la boca simil a un sobre cerrado por el cual, increiblemente, salian palabras maravillosamente claras. Entonces supe que de su boca conocería mucho de los errores que había cometido, y que aún sigo cometiendo.
Tal vez anoche desperté mucho porque estoy empezando a incomodarme a mi misma, y porque horas antes había mentido a dos personas y una de esas era la mujer que veo cuando me paro frente al espejo, después del café, antes de pisar la acera.
Hoy a la mañana también llovió, mucho, y no sé a ciencia cierta cuantos relampagos cayeron, cuantos rayos oí lastimar la ciudad; pero no importa, no entro en muchas conversaciones climaticas, ni voy a defender mi postura en ellas, uno habla del frio o el calor en las colas del banco, en las salas de espera, y hoy es sábado...
Se fue triste, igual que anoche, pero hoy fue más notorio.
-¿te desilucionas rápido?- quiso saber con seriedad, esperando ingenuamente una respuesta que no le iba a dar.
-si, porque las cosas buenas no me duran.
La mujer que corrió hacia su auto cuando más llovía metió un pie en el rapido reguero que se deslizaba por la calle como si debiera llegar rapido hacia algún sitio, y en ese momento me pregunte qué sentiría: ¿asco o frío? Siempre me quedo con la boca llena de preguntas que nunca escupo, y el comerlas me produce atraco de ignorancia.
Me lastima haber descubierto que mi virtud no le basta, que lo que siempre creía era un punto a favor en realidad es una cualidad invisible y sin peso; y la herida no duele, en cierta forma es buena tenerla. Cuando las cosas duelen no se olvidan. Mi dolor en el lado derecho. De hace diez días. Una decena de mentiritas diarias y el postergar un paso que a claras resulta ineludible. Pero el no saber me permite engañarme...
Podría ser que esta noche amaneciera cinco veces, todas en soledad, todas en cama cuadrada, no rectangular.
Va a llover, una vez más.

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