lunes, 17 de enero de 2011

No sé cuando

Me pregunté que color tendría extrañar para siempre, y ni siquiera se me vino a la mente el color negro (demasiada obviedad no es buena), me pregunté a que podría compararla y se me ocurrió a una eterna noche de insomnio y soledad, pensé como sabria en la boca y sentí el gusto metalico del miedo, que nunca escritor alguno pudo describir correctamente y que sentí en mi boca por primera vez nueve años atrás.
Me pregunté si seria posible sentirse encarcelada en libertad y supe que si, uno se encarcela en la tristeza y ni siquiera repara en eso, a no ser que un día tiene un remanso de felicidad, contado en precarios minutos que desaparecen sin llegar a formar una hora; entonces uno empieza a ver los barrotes que antes creía eran parte del paisaje, y acto seguido comienza a notar que la celda es chica, que el techo aplasta el aire, que los pasos deben ser cortos; despues se busca salida.

(los espacios en blanco también pueden ser silencios)

Me dormí de costado, con sueño pesado. Me dormí como si arrastrara días enteros de parpados en alto. Entonces amanecí con sensación conocida, indescifrable pero igualmente conocida (se da eso de conocer lo que no se puede explicar). Amanecí recordando la novena de Beethoven que hace días dejo entrar en mi cabeza, pensé en Isabel pero aun no en Rafael.
Las mejores salidas son las letras, la llave es la palabra.

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