domingo, 9 de enero de 2011

Detenida.

Desperté antes de abrir los ojos, los abrí como cuando atiendo un llamado sin ganas: por obligación. Me quede quieta, en la gran cama, tapada hasta el cuello, tocando el mentón, rozando la nariz. Sentí el olor de mi propio perfume, el primer pensamiento cinico fue que la crema de yogur en realidad no huele al yogur que me gusta. Hubiera pagado por un café en la cama, pero no había quien recibiera mi dinero, no había nada.
Detenida. Así me quede, en la cama, recostada, en horizontal, con la mente volando hacia ningún lugar, es que los pensamientos no estaban acostados, estaban detenidos en el aire, estaban por estar sin alardear de creación alguna, sin hacer nada más que volar.
No ralentizada, estancada.
La ausencia de café, y en un instinto por tapar un silencio salvaje y dañino la música sonó en mis oidos, una vaga forma de reconfortar lo que sabia no podria mejorar (pero el intento a veces levanta la moral). Es inevitable desarmar las melodias, rescatar entre aquella cacofonia de sonidos las teclas de un piano o los golpes de bateria, y solo escuchar eso y las voces, nada mas. Es inevitable que siga buscando los detalles que hacen al total.
La moral al piso.
La apatia entrando.
Anidando.
Y la mente vacia, y los oidos llenos de teclas y golpes.
Vacia.
Vacia como el minuto despues de presenciar una gran tormenta, las gotas que caen despues de un terrible aguacero jamas son percibidas.
Impasible. Imposible. Quieta.
Rodar en la cama como una ola, rodar para romperme.
Retirarme.
Anoche lo sentí, hoy se me esta pegando en la piel, después entrara en las venas...
Cuando me sente en la cama me saludo el gris de un día nublado, el golpear de lluvia sobre el tejado. El agua para el café se calento rapido, no debi pagar a nadie, lo bebi en la soledad que ya no lastima, que ya no asombra, imperceptible.
Después me sente en una silla blanca, con un café negro a mirar un día gris. Pensé que tenía los tres colores en que suelo amanecer, el blanco solo en el tapizado, el cafe en las venas, el gris sobre la cabeza.
Entonces tarareo la ultima canción que escuche antes de ir por el cafe, esa de REgina que dice: "¿recuerdas cuando solo leía Shakespeare?"

Ya no recuerdo soneto alguno de Shakespeare, solo me ha quedado una frase: una perdida de espiritu es un derroche de ignominia...

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