sábado, 8 de enero de 2011

De darte la espalda, y hacerte frente.

Alguna vez le dí la espalda, a la vida. No mucho tiempo, algunos retazos de días. La variación de colores me sienta, nunca en tonalidades coloridas extremas; lo mio siempre fue el blanco, el gris y el negro (el gris siempre en el medio). Así la variación de colores en los días venían con mañanas blancas (radiantes y vitales), pasaban a un gris (la transición), terminaban en un anochecer negro (el extremo oscuro, la tristeza hecha carne, hecha piel). En esas noches le daba la espalda a la vida. A la mañana siguiente, dolida la mente (como duele el cuerpo después de una maratón) miraba el techo (que nunca terminaba de aplastarme) antes de levantarme. Lo miraba como queriendo leer en él la receta a seguir para no caer en el gris, para no ser devorada por la oscuridad al anochecer. Así me perdí de retazos de días que nunca recuperé y sin embargo... sirvieron para crear callos (donde hay durezas la piel no se lastima, se curtió, endureció). Así puedo decir que tengo durezas mentales (mirá si me leyeras esta afirmación...).
Entonces, de tanto dar la espalda, alguna vez tenía que dar el frente, recibir un golpe en plena cara. Dolió, no estaba curtida, pero era necesario, la espalda se me empezaba a encorvar. Al frente los ojos y con ellos la visión. Yo no quería saber (se lo dije a ella, en el desconocimiento uno se puede engañar (auto) pero si no sabía no tenía obligación de actuar. Sabiendo tampoco la tenía, pero la conciencia me impedía engañarme mas) fue así que le hice frente a la vida. como quien no quiere la cosa.
La otra noche te pregunté si creabas rutinas rapidamente.
La costumbre se crea así, en una sucesión de días que uno ni siquiera se da cuenta que vive. En fin... entonces se me hizo costumbre hacerle frente, no a todo, solo a los días con variaciones de tonalidades. Y cuando te dije que la tristeza tenía color negro, y con ella amanecia triste, te descoloque de la misma forma que lo hiciste vos cuando me pediste no dudara (para vos es normal).
Será que al final, todos podemos ser como puertas giratorias, dando la espalda o haciendo frente a la vida para crear callos de forma pareja, para dar trabajo a la conciencia, para probar que tan anchas son nuestras espaldas...
Ya sé, si me leyeras me pedirías que no me complique, que no le busque tantas vueltas. Tenés razón (cuando la tenés la tenés, aunque yo nunca te la de). Hoy es sábado, llamaste recién para decir que hoy llegara a los 30ºC, y yo te rete por hacermelo saber, y para pelear te recordé que hasta la noche no nos vamos a ver. Y que mañana te vas, y que hasta el miercoles no me volveras a besar.
Dando la espalda y haciendo frente (por que tengo la impresión de que podría ser un lema perfecto para los nacidos bajo el signo de escorpio)
Los pensamientos incoherentes a la orden del día (es como un menú que nunca se retira de la carta...)
-¿Te preguntaste que pasaría si se rompiera el sol?
Caminábamos por la playa, de noche, y eso lo preguntaste vos.
Semanas más tarde, frente al río, una noche de viento pero no de frío, me dijiste:
-Soy un tipo simple, uno más del montón.

Y yo no te creí...

2 comentarios:

  1. Te adoroo Taran!!!! Tus finales, tus remates, tus dolencias hechas imágenes claras, tu tiempo gira ante los ojos de quien te lee, siempre en frente, con una claridad que asusta. Encima guías, con que colores y con que sentimientos.

    Agridulce y gris, decimos entonces. Solo a veces.

    Besos y Abrazos. Paco.

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  2. Como siempre, me dejás pensando... reflexionando sobre mis propios colores, odio el gris, más vivo en él. La vida tiene matices que debemos aceptar.

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